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Internacional

Detenidos El Salvador: Preocupación Internacional por Abuso de Poder y Derechos Humanos

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El traslado a prisión de un joven abogado ambientalista y un líder comunitario en El Salvador, tras una protesta pacífica, desata una ola de condena internacional y enciende las alarmas sobre el respeto a la libertad de expresión y la represión a la disidencia bajo el gobierno de Nayib Bukele.

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La situación de los activistas detenidos El Salvador ha escalado a un nuevo nivel de preocupación internacional, marcando un sombrío precedente para los derechos humanos y la libertad de expresión en el país centroamericano. El joven abogado Alejandro Henríquez, un incansable defensor de los derechos ambientales, y el carismático líder comunitario José Ángel Pérez, han sido trasladados a un centro penal cercano a la capital, San Salvador. Esta medida, denunciada con urgencia por la plataforma Foro del Agua El Salvador a través de X, no solo profundiza el temor por su seguridad, sino que también pone en el centro de la mira el uso del poder estatal contra voces críticas. La comunidad global observa con creciente inquietud la dirección que toma la justicia en el país, especialmente en el contexto de un régimen de excepción que ha generado fuertes cuestionamientos.

El motivo de su detención es alarmante: ambos son procesados bajo cargos de «desórdenes públicos y resistencia», una acusación que parece desproporcionada. Su «crimen» fue participar en una concentración pacífica. ¿Su objetivo? Pedir al presidente Nayib Bukele que interviniera para detener un inminente desalojo que amenazaba con dejar a cientos de campesinos sin hogar, una acción que subraya la vulnerabilidad de las comunidades rurales frente a intereses económicos y políticos. Inicialmente retenidos en calabozos de la Policía Nacional, Henríquez y Pérez, según el Foro del Agua, fueron «probablemente trasladados a Mariona», el Centro Penitenciario La Esperanza, una prisión tristemente conocida por haber registrado la mayoría de las muertes de personas detenidas bajo el polémico régimen de excepción contra las pandillas, según denuncian diversas organizaciones no gubernamentales como Socorro Jurídico Humanitario.

Ante esta alarmante situación, el Foro del Agua El Salvador, que aglutina a varias organizaciones civiles y defensoras del medio ambiente, ha lanzado una advertencia contundente: «Responsabilizamos a Bukele y al Estado por cualquier daño a su integridad y sus vidas». Esta declaración no es menor; es un grito de auxilio y un llamado a la rendición de cuentas, resonando en los pasillos de las instituciones de derechos humanos. Diversas organizaciones no gubernamentales, tanto nacionales como extranjeras, no han tardado en rechazar enérgicamente la detención del joven defensor y del líder comunitario, exigiendo de manera unánime que se respete el debido proceso y que se garantice su integridad física y psicológica. La presión internacional y la vigilancia sobre el caso se intensifican, buscando asegurar que la justicia prevalezca sobre cualquier intento de represión o intimidación.

La protesta que originó este conflicto ocurrió la noche del 12 de mayo, cuando pobladores de una comunidad rural y miembros de la Cooperativa El Bosque se congregaron cerca de una lujosa zona residencial, donde reside el presidente Bukele, buscando su ayuda. Sin embargo, en lugar de diálogo, se encontraron con agentes de la Policía que, según medios locales, intentaron detener a varios manifestantes, sometiéndolos. Las organizaciones no tardaron en denunciar, al día siguiente, las detenciones de Henríquez y Pérez. Aunque la buena noticia es que el desalojo de las 300 familias, programado para el 22 de mayo, fue suspendido gracias a la acción de un juzgado salvadoreño el 16 de mayo, la respuesta del presidente Bukele a la protesta ha sido igualmente controvertida. Acusó a las organizaciones de «manipular» a los pobladores y, en un movimiento que ha generado críticas, impulsó y logró la aprobación de una «Ley de Agentes Extranjeros». Esta ley, ya en vigor, impone un draconiano impuesto del 30% sobre las donaciones que reciben estas organizaciones, además de estipular multas y la disolución si no cumplen con el tributo, una medida vista por muchos como un intento de asfixiar financieramente y silenciar a la sociedad civil.

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Internacional

Crisis en Nueva Jersey: El centro de detención de ICE que enciende las alarmas de la política migratoria

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Choques entre manifestantes, huelgas de hambre y la intervención de la gobernadora Mikie Sherrill ponen el foco sobre el polémico centro Delaney Hall.

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El centro de detención de ICE Delaney Hall, ubicado en Nueva Jersey, se ha convertido en el epicentro de una tormenta social y política que refleja la profunda fractura del país. La gobernadora demócrata, Mikie Sherrill, denunció públicamente que «agitadores de otros estados» han viajado con el único fin de intensificar las tensiones en las protestas que rodean las instalaciones. Lo que comenzó como una vigilia pacífica de activistas y familiares ha escalado a un escenario de máxima alerta, obligando al despliegue de la Policía estatal y de agentes federales fuertemente armados con escudos antidisturbios y vehículos blindados.

La controversia en torno a este centro de detención de ICE (el más grande de la Costa Este, operado por la empresa privada GEO Group bajo un millonario contrato de 1.000 millones de dólares) no es nueva, pero ha alcanzado su punto de ebullición. Mientras que en el interior del recinto una parte de los cerca de 300 migrantes recluidos ha iniciado una huelga de hambre para visibilizar las «condiciones inhumanas» en las que se encuentran, afuera la atmósfera es de confrontación total.

A las afueras de Delaney Hall, grupos que defienden los derechos de los migrantes se han topado cara a cara con simpatizantes de las políticas migratorias de la administración de Donald Trump. Aunque las autoridades lograron contener los choques violentos que días antes dejaron un saldo de nueve detenidos, la hostilidad verbal y los encaramientos siguen siendo una constante.

Para evitar tragedias del pasado, la gobernadora Sherrill estableció una zona protegida para garantizar las manifestaciones pacíficas. Su mayor temor es que se repitan los fatídicos hechos del pasado enero en Mineápolis, donde las protestas contra las redadas terminaron con la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes de inmigración. Con legisladores y familias exigiendo transparencia, Delaney Hall es hoy el reflejo de una herida abierta en la política estadounidense.

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Internacional

Marcha en Lima contra Keiko Fujimori: Ciudadanos toman las calles a días del balotaje

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El colectivo antifujimorista y familiares de víctimas de derechos humanos lideran una multitudinaria movilización que eleva la tensión política en Perú.

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La reciente marcha en Lima contra Keiko Fujimori ha encendido las alarmas en el tramo final de la campaña presidencial peruana. A solo ocho días de la crucial segunda vuelta electoral, cientos de ciudadanos, colectivos sociales y organizaciones de derechos humanos se movilizaron de manera pacífica por el centro histórico de la capital. Bajo las consignas «Keiko no va» y «Fujimori nunca más», la protesta refleja la profunda polarización de un país que se debate una vez más entre el fujimorismo y la izquierda, reviviendo fantasmas del pasado y tensiones que parecían latentes.

El protagonismo de la movilización lo asumieron los familiares de las víctimas de violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el régimen de Alberto Fujimori (1990-2000). Su presencia en la primera fila de la marcha inyectó una fuerte carga emocional y política a la jornada, recordando las heridas aún abiertas de la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso. A ellos se sumaron parientes de los fallecidos en las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte y miles de jóvenes que asocian al fujimorismo con la corrupción institucional.

«Keiko representa la injusticia y el temor. No debe llegar a la presidencia porque es un peligro», manifestó Irma Cayó, manifestante proveniente de Puno, resumiendo el sentir de indignación que recorrió la emblemática Plaza San Martín.

Esta movilización, que también se replicó en ciudades clave como Arequipa y Huancayo, marca un punto de inflexión en la cuarta postulación presidencial de la líder de Fuerza Popular. Tras ganar la primera vuelta con el 17.1% de los votos, Keiko Fujimori se enfrenta en un reñido balotaje a Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, quien alcanzó el 12% y busca capitalizar el antivoto fujimorista a pesar de sus pasados vínculos como ministro del encarcelado expresidente Pedro Castillo.

Con un panorama electoral que evoca la extrema polarización del 2021, esta marcha no solo es un termómetro del rechazo hacia una de las figuras más divisorias del país, sino también un recordatorio de que las calles de Perú siguen siendo el principal escenario donde se disputa el futuro de su democracia.

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Flotilla para Gaza: Canadá exige respuestas ante el escandaloso trato a activistas

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La tensión diplomática escala tras las humillaciones denunciadas por los ciudadanos canadienses expulsados de Israel.

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La flotilla para Gaza y el trato recibido por sus activistas han desatado una tormenta diplomática de escala internacional. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, calificó de «inaceptable» y «escandaloso» el proceder de las autoridades israelíes hacia los integrantes de la misión humanitaria, entre los cuales se encontraban 12 ciudadanos canadienses. Durante una tensa llamada telefónica con el presidente israelí, Isaac Herzog, el mandatario canadiense no se guardó nada: exigió una investigación independiente y condenó con firmeza las acciones que han encendido las alarmas en la comunidad global.

El foco del conflicto se intensificó tras las provocadoras declaraciones y publicaciones de Itamar Ben-Gvir, el ministro de Seguridad Nacional israelí de extrema derecha. Ben-Gvir, de 50 años, desató un fuerte rechazo tanto a nivel internacional como dentro de su propio gobierno al difundir un video que mostraba a decenas de activistas arrodillados y con las manos atadas. Con un tono desafiante, el ministro les espetó: «Bienvenidos a Israel, esta es nuestra casa».

Esta acción fue la gota que derramó el vaso para el gobierno canadiense. La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Anita Anand, ya había calificado la situación como un «trato deplorable», anunciando que el país llamaría a consultas al embajador israelí para exigir explicaciones formales por violar la dignidad de sus compatriotas.

Tras ser expulsados de Israel, los activistas llegaron el pasado 21 de mayo a Estambul, Turquía, donde finalmente pudieron alzar la voz. Los testimonios son desgarradores y apuntan a una campaña de hostigamiento psicológico y físico. «Estuvimos bajo constante amenaza», relató Safa Chebbi, uno de los activistas canadienses que ya se encuentra a salvo en su país, en declaraciones a la agencia AFP. Las denuncias por humillaciones constantes abren ahora un complejo escenario de exigencias internacionales donde Canadá lidera la postura de no dejar impune el abuso contra sus ciudadanos.

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