Internacional
Expectación en Argentina por sentencia
Luego de un juicio oral y público de tres años y medio, la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, podría ser condenada este martes a una pena de entre 5 y 8 años de prisión.
Argentina vive horas de expectación ante la difusión, este martes (6.12.2022), de la sentencia en el juicio contra la vicepresidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, y otros 12 imputados por presunta corrupción en sus dos períodos como mandataria (2007-2015).
A las 9.30 horas (12.30 GMT) de este martes están fijadas las últimas palabras de uno de los imputados, Juan Carlos Villafañe, tras las cuales el Tribunal Oral Federal 2 podrá dar a conocer su veredicto, que se espera en horas de la tarde argentina.
Este juicio, conocido como «Causa Vialidad», iniciado en 2019 y que estuvo seis meses suspendido por la pandemia de COVID-19, mantiene la modalidad semipresencial desde agosto de 2020, cuando se reanudó.
Por este motivo, la vicepresidenta escuchará vía telemática el veredicto del caso que juzga las presuntas irregularidades en la concesión de 51 obras públicas a firmas del empresario Lázaro Báez durante los Gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) -fallecido en 2010- y Cristina Fernández (2007-2015) en la austral provincia de Santa Cruz, cuna política del kirchnerismo.
Fernández de Kirchner está acusada de haber cometido delitos de asociación ilícita y administración fraudulenta de fondos públicos, por lo que, el pasado 22 de agosto, la Fiscalía pidió una condena de 12 años de prisión y la inhabilitación para ejercer cargos públicos de por vida en Argentina.
Los fiscales del caso pidieron también cárcel para el resto de imputados, mientras que las defensas solicitan la absolución por inexistencia de delito.

Cristina Fernández de Kirchner ha denunciado en numerosas ocasiones que la sentencia contra ella «estaba escrita», como ya dijo el 2 de diciembre de 2019 -días antes de asumir como vicepresidenta en el actual Ejecutivo- cuando se le tomó declaración.
Y si en aquel momento se refirió a los magistrados que seguían la causa como «tribunal del ‘lawfare’ (hostigamiento judicial)», la semana pasada, cuando pronunció sus últimas palabras, dijo que se había «quedado corta» y que era «un pelotón de fusilamiento».
Si este martes se emite una condena contra Fernández, deberá transitar un largo proceso hasta ser refrendada o rechazada por la Corte Suprema.
La líder del peronismo kirchnerista cuenta con fueros que la blindan de una eventual detención hasta diciembre de 2023, cuando termina su mandato como vicepresidenta, y, aunque aún no ha desvelado si será candidata en las elecciones de octubre próximo, algunos analistas comentan que podría presentarse al menos como senadora para mantener la inmunidad.
Se espera que este martes haya movilización de sus seguidores, como las que se originaron en agosto pasado, a raíz de la petición de condena de 12 años por parte del fiscal.
En medio de una de esas manifestaciones de adhesión, el pasado 1 de septiembre, Fernández sufrió un atentado a las puertas de su casa, del que salió ilesa.
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Internacional
¿Invasión en el Caribe? Washington evalúa una intervención militar contra Cuba ante el fallo de las sanciones
El Pentágono analiza escenarios de fuerza mientras La Habana se atrinchera con drones y túneles.
Una intervención militar contra Cuba es la opción extrema que la administración Trump evalúa de forma activa, según reportes de la prensa estadounidense. Tras concluir que la asfixia económica y el endurecimiento del bloqueo energético no han logrado doblegar al gobierno cubano ni forzar una reforma política en la isla, la Casa Blanca ha comenzado a mirar con otros ojos el tablero de control del Comando Sur. Fuentes de inteligencia sugieren que el Pentágono estudia un enfoque de operación puntual, utilizando un modelo de presión y descabezamiento similar al planteado previamente en otros escenarios de la región como Venezuela.
La tensión en las aguas del Caribe es palpable. En los últimos meses, Washington ha desplegado un escudo de vigilancia de alta tecnología que mantiene un escáner constante sobre la isla de oriente a occidente. Aviones de reconocimiento avanzado como el P-8A Poseidon y el RC-135, junto a drones de gran autonomía MQ-9A y MQ-4C, sobrevuelan los límites del espacio aéreo cubano recolectando inteligencia crítica en tiempo real.
Radiografía del despliegue y las defensas
A pesar de la intimidante presencia en el aire, analistas militares señalan que Washington carece actualmente de las piezas clave para una intervención abierta e inminente:
- Sin grupos de ataque: No hay portaaviones posicionados en la zona.
- Presencia naval mínima: Solo la fragata Freedom opera en las inmediaciones.
- Retirada táctica: Los cazas furtivos F-35 que se encontraban en Puerto Rico fueron replegados el pasado mes de febrero.
Por su parte, el gobierno cubano no se ha quedado de brazos cruzados ante los reportes de planes que presuntamente incluyen la captura de sus principales líderes. Aunque el grave déficit de combustible que sufre la isla limita seriamente la movilidad y el despliegue de su arsenal convencional, La Habana ha preparado una estrategia de resistencia asimétrica.
La defensa del país caribeño se apoya en la adquisición reciente de una flota de más de 300 drones de ataque, una vasta red histórica de túneles y búnkeres subterráneos diseñados para la guerra de desgaste, y sistemas de defensa antiaérea soviéticos S-125.
El riesgo político y militar para los Estados Unidos es sumamente elevado. Un ataque contra la isla podría activar la respuesta de los drones cubanos, capaces de infligir daños directos a buques o bases estratégicas como la de Guantánamo. Una incursión de este tipo obligaría a Washington a iniciar una movilización masiva de tropas y recursos que, hoy por hoy, requeriría tiempo, un enorme costo político y un redespliegue total de sus fuerzas en el hemisferio.
Internacional
¿Nuevo orden mundial? El impacto de la visita de Putin a Pekín en la economía global
Moscú y Pekín sellan su alianza estratégica milmillonaria en un encuentro que redefine el comercio y el equilibrio de poder frente a Occidente.
La próxima visita de Putin a Pekín marcará un punto de inflexión en la geopolítica contemporánea y consolidará lo que ambas potencias denominan una relación especial de asociación estratégica privilegiada. El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, confirmó oficialmente que los preparativos para este trascendental encuentro bilateral se han completado con éxito, asegurando que todos los parámetros principales de la agenda ya han sido rigurosamente acordados por los equipos diplomáticos de ambas naciones.
Este viaje no es una simple formalidad diplomática; representa la consolidación de un bloque económico y político que desafía directamente la hegemonía occidental. El eje central de las conversaciones girará en torno a profundizar los lazos comerciales y financieros en un momento de alta tensión internacional. La sintonía entre el Kremlin y el Palacio del Pueblo en Pekín busca enviar un mensaje contundente de estabilidad y resistencia frente a las presiones externas.
El motor de esta alianza es, sin duda, el dinero. La cooperación económica entre Rusia y China no ha parado de crecer, manteniendo actualmente un volumen de intercambio comercial verdaderamente consistente que supera los 200.000 millones de dólares anuales, de acuerdo con los últimos datos oficiales proporcionados por el Kremlin. Esta cifra récord demuestra que el flujo de recursos —impulsado principalmente por la energía, la tecnología y el comercio bilateral— es el verdadero combustible que sostiene su blindaje geopolítico.
El encuentro que ocurrirá «muy pronto» mantendrá en vilo a los mercados internacionales y a las cancillerías de todo el mundo. Los analistas prevén que, además de los acuerdos comerciales ya pactados, se discutan nuevos mecanismos financieros para evadir las sanciones comerciales y transaccionales, utilizando el yuan y el rublo para blindar sus respectivas economías. En un escenario global tan volátil, la foto entre los líderes de Moscú y Pekín será la prueba definitiva de que la arquitectura del poder global está cambiando de forma irreversible.
Internacional
El Comando Central de EE.UU. en alerta máxima por los nuevos drones kamikaze de Irán
Washington reconfigura su estrategia de defensa ante el despliegue de tecnología aérea sofisticada en Oriente Medio.
El Comando Central de EE.UU. ha encendido todas las alarmas ante una transformación radical en el tablero militar de Oriente Medio. El almirante Brad Cooper lanzó una seria advertencia sobre el despliegue de una nueva generación de vehículos aéreos no tripulados (UAVs) iraníes. Según el alto mando, Washington ya no solo se enfrenta a drones rudimentarios de reconocimiento, sino a una amenaza de alta fidelidad tecnológica: artefactos impulsados por motores a reacción, equipados con sensores avanzados de última generación y con capacidades críticas de guerra electrónica capaces de burlar sistemas de comunicación tradicionales.
Esta escalada tecnológica ha forzado un giro de 180 grados en la doctrina del Pentágono. Durante meses, analistas cuestionaron la sostenibilidad financiera de la defensa estadounidense, la cual destruía drones de bajo costo utilizando misiles antiaéreos de millones de dólares. El almirante Cooper reveló que el Ejército estadounidense ha modificado por completo su estrategia defensiva para detener esta hemorragia financiera y dar vuelta al tablero táctico.
La nueva directriz de la superpotencia se basa en un frío cálculo de desgaste económico. En lugar de quemar su arsenal de alta gama, EE.UU. comenzará a contrarrestar la ofensiva empleando sus propios drones de bajo costo. El objetivo es brillante y maquiavélico por igual: saturar el espacio aéreo para obligar a Irán y sus aliados a consumir sus municiones y sistemas de interceptación más costosos.
Esta transición hacia la guerra de desgaste robótica marca un hito en los conflictos modernos. No solo redefine la seguridad en los puntos estratégicos globales, sino que abre un debate urgente sobre la velocidad con la que las potencias occidentales deben adaptarse a la democratización de la tecnología militar avanzada. La supremacía ya no se mide solo en poder de fuego, sino en la eficiencia económica de cada disparo.
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