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Internacional

Gustavo Petro: “Si fracaso, las tinieblas arrasarán con todo”

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El presidente electo de Colombia, en su primera entrevista a un medio internacional, habla de los peligros a los que enfrenta su Gobierno y revela las claves de sus planes con la narcoguerrilla, los militares, la subida de impuestos a los más ricos y el papel de la Iglesia en la paz

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Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.

Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.

Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?

Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.

P. ¿A qué tinieblas se refiere?

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R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.

P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…

R. He llegado al Gobierno…

P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?

R. Gustavo Petro. No Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.

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P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?

R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.

P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?

R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.

P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?

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R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.

P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?

R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.

P. ¿Cómo será su trato con la oposición?

R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.

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Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.

Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.

Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?

Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.

P. ¿A qué tinieblas se refiere?

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R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.

P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…

R. He llegado al Gobierno…

P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?

R. No. Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.

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P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?

R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.

P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?

R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.

P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?

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R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.

P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?

R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.

P. ¿Cómo será su trato con la oposición?

R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.

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P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?

R. En este momento, sí.

P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?

R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.

P. ¿La tributaria también?

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R. La tributaria tiene que ser este año.

P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?

R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.

P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?

R. De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.

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P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?

R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.

P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?

R. El gran capital no tiene patria.

P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?

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R. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.

P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.

R. No, para nada.

P. ¿Eso no va a ocurrir?

R. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…

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P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?

R. A Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.

P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?

R. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.

P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?

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R. En este momento, sí.

P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?

R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.

P. ¿La tributaria también?

R. La tributaria tiene que ser este año.

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P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?

R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.

P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?

R. Gustavo Petro De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.

P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?

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R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.

P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?

R. El gran capital no tiene patria.

P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?

R. Gustavo Petro. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.

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P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.

R. Gustavo Petro. No, para nada.

P. ¿Eso no va a ocurrir?

R. Gustavo Petro. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…

P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?

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R. Gustavo Petro a Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.

P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?

R. Gustavo Petro. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.

Si te interesa saber más sobre este y otros temas visita Diario El Liberal y agrégalo a tu lista de favoritos.

Cortesía: Elpais.com

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Internacional

Pausa de ataques a Kiev: ¿Un rayo de esperanza o una maniobra táctica de Putin

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Negociaciones cruciales: la misión diplomática de la Casa Blanca en Europa del Este.

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La pausa de ataques a Kiev decretada por Vladimir Putin marca un giro inesperado en la dinámica del conflicto en Europa del Este. Esta suspensión temporal de las hostilidades, fijada por un periodo inicial de tres días, responde de manera directa a la llegada de Steve Witkoff y Jared Kushner, emisarios especiales enviados por Washington para intentar destrabar la vía diplomática. La medida, confirmada oficialmente por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, busca garantizar la seguridad de los mediadores estadounidenses durante sus encuentros de alto nivel tanto en Rusia como en la capital ucraniana.

Esta tregua de 72 horas no es un hecho aislado. En una muestra de reciprocidad diplomática exigida por la Casa Blanca, el presidente Volodímir Zelenski confirmó que Ucrania también suspenderá sus ataques con drones en territorio ruso mientras los delegados permanezcan en la región. Aunque ambas partes han mostrado voluntad de mantener los canales abiertos para que las conversaciones sean constructivas, los analistas sugieren mantener la cautela. Desde la perspectiva de Moscú, este cese de operaciones no equivale a un alto el fuego permanente ni implica una aceptación inmediata de los términos planteados por la administración norteamericana.

La misión diplomática llega en un punto crítico de máxima tensión militar. En las últimas semanas, las fuerzas ucranianas habían logrado impactar infraestructuras estratégicas como refinerías y centros logísticos en la retaguardia rusa, mientras que las tropas de Moscú intensificaron sus ofensivas con misiles sobre Kiev y los puertos clave del Mar Negro. Además, la atención geopolítica global se ha visto fragmentada desde febrero tras el inicio de las operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que contribuyó a congelar el proceso de paz ruso-ucraniano.

Aunque Putin recibirá a Witkoff y Kushner en el Kremlin para reuniones que se prevén complejas y extensas, la postura rusa se mantiene firme: Moscú rechaza un alto el fuego prolongado o cumbres tripartitas a menos que sea para firmar un acuerdo definitivo. La visita representa un intento de alto riesgo para reabrir el diálogo, pero el verdadero impacto de esta pausa estratégica solo se conocerá cuando los emisarios concluyan su itinerario.

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Internacional

Irán ataca objetivos de EE. UU. en Kuwait: La tensión bélica escala en Oriente Medio

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Irán ataca objetivos de EE. UU. en Kuwait en una contundente contraofensiva de madrugada que desoye directamente las advertencias de la Casa Blanca.

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Irán ataca objetivos de EE. UU. en Kuwait en una contundente contraofensiva de madrugada que desoye directamente las advertencias de la Casa Blanca. Pese a las explícitas amenazas del presidente Donald Trump con lanzar nuevos ataques destructivos sobre Teherán, la República Islámica ha vuelto a golpear con fuerza instalaciones militares estadounidenses en territorio kuwaití, llevando la estabilidad geopolítica del Golfo Pérsico al borde de un abismo de consecuencias impredecibles.

El Ministerio de Defensa de Kuwait confirmó la interceptación de una compleja oleada de misiles y drones lanzados desde territorio iraní. Por su parte, altos mandos militares en Teherán se adjudicaron abiertamente la autoría de la operación, detallando un impacto directo planificado contra la estratégica base aérea de Ahmad al Jaber.

Respuesta diplomática y fractura regional

La reacción internacional y diplomática no se ha hecho esperar ante lo que se perfila como una de las crisis defensivas más graves de los últimos tiempos:

  • Condena categórica de Kuwait: El Ministerio de Asuntos Exteriores kuwaití calificó los bombardeos como una «flagrante violación» de su soberanía nacional, amenazando directamente la seguridad de sus ciudadanos. El gobierno enfatizó que el acto infringe la Carta de las Naciones Unidas y la Resolución 2817, reservándose el pleno derecho constitucional y legal de adoptar todas las medidas necesarias para la autodefensa de su territorio.
  • Respaldo de Qatar: La nación vecina emitió un comunicado oficial expresando su rechazo absoluto a la ofensiva iraní, señalando que estas acciones minan de forma sistemática los esfuerzos diplomáticos internacionales destinados a la desescalada de tensiones en la zona.
  • Alerta en el Golfo: Las monarquías árabes temen un arrastre inminente hacia un conflicto bélico generalizado que paralice las rutas comerciales y energéticas más vitales del planeta.

El origen del conflicto: Ataques, bajas civiles y represalias

Esta peligrosa espiral de violencia fue detonada por los recientes bombardeos ejecutados por Estados Unidos contra posiciones estratégicas de la Guardia Revolucionaria de Irán. Mientras Washington justifica su intervención armada como un paso necesario para proteger sus tropas y salvaguardar el tráfico de buques comerciales en el estrecho de Ormuz, Teherán responde con un despliegue masivo en múltiples frentes.

La Guardia Revolucionaria ha extendido sus incursiones aéreas hacia bases norteamericanas situadas en Jordania, Baréin, Irak y Kuwait. La narrativa iraní cobró un tono aún más hostil tras prometer «hacer pedazos» la presencia militar enemiga en represalia por bombardeos en su propio suelo. Entre los ataques atribuidos a las fuerzas aliadas occidentales destaca el impacto en el distrito de Sirik, en el sureste de Irán, donde una boda civil terminó en tragedia con un saldo de 19 muertos y cerca de 70 heridos, encendiendo la mecha de una venganza militar que hoy mantiene en vilo al mundo entero.

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Internacional

Ataque en Norte de Santander: Abelardo de la Espriella promete «mano de hierro» contra el terrorismo

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Mano de hierro y tolerancia cero: esa es la contundente advertencia que el presidente Abelardo de la Espriella envió a los grupos armados tras el atroz atentado ejecutado cerca de la frontera con Venezuela.

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Mano de hierro y tolerancia cero: esa es la contundente advertencia que el presidente Abelardo de la Espriella envió a los grupos armados tras el atroz atentado ejecutado cerca de la frontera con Venezuela. Un coche bomba adosado junto a una estación de policía estremeció al municipio de Los Patios, en Norte de Santander. El ataque dejó un trágico saldo de un civil de 23 años fallecido, 11 personas heridas —incluyendo dos uniformados con lesiones de extrema gravedad— y cuantiosos daños en la infraestructura pública.

Atribuido directamente a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), este sangriento hecho ocurre en el marco de una de las olas de violencia más críticas que ha enfrentado el país en los últimos diez años. Ante el desafiante panorama de seguridad en la zona fronteriza, el mandatario colombiano reaccionó con firmeza en sus redes sociales, asegurando que el Estado no dará marcha atrás ni cederá terreno ante el terrorismo. Su mensaje fue categórico: la fuerza pública perseguirá, desmantelará y llevará ante la justicia a las estructuras criminales responsables de perturbar la paz social.

Para coordinar la respuesta estratégica e inmediata del Estado, el presidente de la Espriella confirmó la convocatoria de un consejo extraordinario de seguridad con la cúpula militar y policial, al cual asistirá de manera personal en el área afectada. Las autoridades locales informaron que la víctima mortal era de nacionalidad venezolana y confirmaron que uno de los oficiales heridos sufrió la amputación de sus extremidades debido a la onda explosiva, mientras que el otro uniformado permanece bajo observación médica por graves heridas causadas por esquirlas.

Este brutal ataque reaviva la urgencia nacional por restablecer el orden, neutralizar las economías ilícitas que financian el conflicto en las zonas limítrofes y garantizar el respaldo total a las fuerzas del orden que arriesgan su vida diariamente en la primera línea de defensa.

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