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Internacional

Gustavo Petro: “Si fracaso, las tinieblas arrasarán con todo”

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El presidente electo de Colombia, en su primera entrevista a un medio internacional, habla de los peligros a los que enfrenta su Gobierno y revela las claves de sus planes con la narcoguerrilla, los militares, la subida de impuestos a los más ricos y el papel de la Iglesia en la paz

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Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.

Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.

Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?

Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.

P. ¿A qué tinieblas se refiere?

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R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.

P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…

R. He llegado al Gobierno…

P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?

R. Gustavo Petro. No Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.

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P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?

R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.

P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?

R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.

P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?

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R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.

P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?

R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.

P. ¿Cómo será su trato con la oposición?

R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.

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Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.

Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.

Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?

Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.

P. ¿A qué tinieblas se refiere?

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R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.

P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…

R. He llegado al Gobierno…

P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?

R. No. Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.

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P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?

R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.

P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?

R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.

P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?

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R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.

P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?

R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.

P. ¿Cómo será su trato con la oposición?

R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.

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P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?

R. En este momento, sí.

P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?

R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.

P. ¿La tributaria también?

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R. La tributaria tiene que ser este año.

P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?

R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.

P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?

R. De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.

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P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?

R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.

P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?

R. El gran capital no tiene patria.

P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?

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R. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.

P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.

R. No, para nada.

P. ¿Eso no va a ocurrir?

R. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…

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P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?

R. A Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.

P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?

R. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.

P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?

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R. En este momento, sí.

P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?

R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.

P. ¿La tributaria también?

R. La tributaria tiene que ser este año.

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P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?

R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.

P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?

R. Gustavo Petro De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.

P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?

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R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.

P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?

R. El gran capital no tiene patria.

P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?

R. Gustavo Petro. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.

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P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.

R. Gustavo Petro. No, para nada.

P. ¿Eso no va a ocurrir?

R. Gustavo Petro. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…

P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?

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P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?

R. Gustavo Petro. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.

Si te interesa saber más sobre este y otros temas visita Diario El Liberal y agrégalo a tu lista de favoritos.

Cortesía: Elpais.com

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Internacional

Amenazas de EE.UU. contra Cuba: Díaz-Canel rechaza la nueva ofensiva de Washington

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El gobierno cubano denuncia una escalada de sanciones económicas que incluye a la familia del mandatario y a organizaciones civiles en una lista unilateral.

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Las amenazas de EE.UU. contra Cuba han alcanzado un nuevo punto de tensión. El presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, condenó enérgicamente las recientes medidas coercitivas impuestas por la Administración de Donald Trump. Esta nueva ofensiva de la Casa Blanca no solo amplía el cerco económico sobre la nación caribeña, sino que introduce un componente de presión directa al sancionar formalmente al mandatario cubano, a sus familiares y a instituciones clave de la sociedad civil.

A través de sus canales oficiales, Díaz-Canel calificó la estrategia estadounidense como una muestra de «ceguera política» y «perversión», cuyo objetivo principal es asfixiar la economía local y profundizar el histórico conflicto bilateral. Lejos de ceder ante la presión extrema de Washington, el jefe de Estado reafirmó la postura invariable de La Habana: resistir con determinación ante los escenarios más complejos y defender la soberanía nacional a toda costa.

Un bloqueo intensificado y sanciones a la cúpula familiar

La Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE.UU. formalizó la inclusión de figuras de alto perfil en su lista de sancionados. Entre los nombres destacan la primera dama cubana, Lis Cuesta Peraza, y Raúl Alejandro Castro Cáliz, nieto del general de Ejército Raúl Castro.

Sin embargo, el alcance de esta orden ejecutiva va más allá de las individualidades. El castigo financiero se extendió a pilares fundamentales de la estructura social y política de la isla, tales como:

  • Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
  • Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
  • El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, tildó de «vil e ilegítima» la inclusión del presidente y su entorno en estos listados. Según el jefe de la diplomacia, Washington insiste en construir una narrativa falsa donde la mayor de las Antillas es presentada de forma deliberada como un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, justificando así la permanencia y el endurecimiento del bloqueo.

Resistencia frente a la presión diplomática

El ambiente de confrontación se complica aún más tras la reactivación de acusaciones históricas en los tribunales estadounidenses. Washington ha presentado cargos vinculados a la muerte de cuatro pilotos de la organización «Hermanos al Rescate» —grupo que La Habana cataloga formalmente como terrorista—. Ante este panorama, las autoridades cubanas aseguran que cualquier intento de forzar un estallido o la sumisión del país está destinado al fracaso, garantizando que la respuesta del pueblo cubano será de mayor unidad.

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Internacional

La verdad oculta sobre las armas químicas de Corea del Norte

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El régimen de Pionyang expande su infraestructura silenciosa para un arsenal masivo capaz de desatar el caos global.

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Las armas químicas de Corea del Norte vuelven a encender las alarmas internacionales tras revelarse un informe exclusivo del proyecto 38 North. Un exhaustivo análisis liderado por el Proyecto Antracita y el prestigioso think tank británico RUSI (Royal United Services Institute) ha dejado al descubierto que el régimen de Kim Jong-un no solo mantiene intacto su programa de destrucción masiva, sino que ha integrado una red industrial y académica altamente capacitada para producir agentes letales a gran escala. A través del uso de fuentes abiertas, la investigación demuestra cómo universidades, complejos químicos e instituciones gubernamentales convergen en una maquinaria perfectamente engrasada para la guerra no convencional.

A diferencia del arsenal nuclear, el programa químico norcoreano ha permanecido bajo un manto de relativo secretismo. Sin embargo, la historia reciente demuestra la sangre fría del régimen: en 2017, el mundo quedó conmocionado cuando agentes norcoreanos asesinaron a Kim Jong-nam, hermano del dictador, utilizando el letal agente nervioso VX en pleno aeropuerto de Kuala Lumpur. Expertos en seguridad global estiman que Pionyang posee actualmente entre 2.500 y 5.000 toneladas de armas químicas, incluyendo gas mostaza y sarín.

«El régimen es paranoico y cualquier tipo de arma de capacidad letal se justifica como necesaria para su propia seguridad», advierte Dan Pinkston, profesor de relaciones internacionales.

¿Por qué este arsenal representa una amenaza inminente?

Los analistas militares sugieren que, ante un conflicto armado o la amenaza existencial de colapso del régimen, Corea del Norte no dudaría en desplegar estas sustancias antes de recurrir a su armamento nuclear. El uso de estos gases tendría un doble propósito estratégico:

  • Frenar el avance de tropas: Retrasar de manera drástica las operaciones militares de las fuerzas conjuntas de Seúl y Estados Unidos.
  • Terror psicológico e impacto civil: Generar pánico masivo al atacar centros urbanos densamente poblados como Seúl, donde la población civil carece de trajes de protección especial.

El hecho de que Corea del Norte no sea firmante de la Convención sobre Armas Químicas rompe cualquier barrera diplomática. Este informe no es una simple advertencia teórica; es una radiografía de una infraestructura lista para operar que obliga a la comunidad internacional a monitorizar de cerca un peligro que es, sin duda, devastador y silencioso.

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Internacional

Crisis en Nueva Jersey: El centro de detención de ICE que enciende las alarmas de la política migratoria

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Choques entre manifestantes, huelgas de hambre y la intervención de la gobernadora Mikie Sherrill ponen el foco sobre el polémico centro Delaney Hall.

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El centro de detención de ICE Delaney Hall, ubicado en Nueva Jersey, se ha convertido en el epicentro de una tormenta social y política que refleja la profunda fractura del país. La gobernadora demócrata, Mikie Sherrill, denunció públicamente que «agitadores de otros estados» han viajado con el único fin de intensificar las tensiones en las protestas que rodean las instalaciones. Lo que comenzó como una vigilia pacífica de activistas y familiares ha escalado a un escenario de máxima alerta, obligando al despliegue de la Policía estatal y de agentes federales fuertemente armados con escudos antidisturbios y vehículos blindados.

La controversia en torno a este centro de detención de ICE (el más grande de la Costa Este, operado por la empresa privada GEO Group bajo un millonario contrato de 1.000 millones de dólares) no es nueva, pero ha alcanzado su punto de ebullición. Mientras que en el interior del recinto una parte de los cerca de 300 migrantes recluidos ha iniciado una huelga de hambre para visibilizar las «condiciones inhumanas» en las que se encuentran, afuera la atmósfera es de confrontación total.

A las afueras de Delaney Hall, grupos que defienden los derechos de los migrantes se han topado cara a cara con simpatizantes de las políticas migratorias de la administración de Donald Trump. Aunque las autoridades lograron contener los choques violentos que días antes dejaron un saldo de nueve detenidos, la hostilidad verbal y los encaramientos siguen siendo una constante.

Para evitar tragedias del pasado, la gobernadora Sherrill estableció una zona protegida para garantizar las manifestaciones pacíficas. Su mayor temor es que se repitan los fatídicos hechos del pasado enero en Mineápolis, donde las protestas contra las redadas terminaron con la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes de inmigración. Con legisladores y familias exigiendo transparencia, Delaney Hall es hoy el reflejo de una herida abierta en la política estadounidense.

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