Internacional
Gustavo Petro: “Si fracaso, las tinieblas arrasarán con todo”
El presidente electo de Colombia, en su primera entrevista a un medio internacional, habla de los peligros a los que enfrenta su Gobierno y revela las claves de sus planes con la narcoguerrilla, los militares, la subida de impuestos a los más ricos y el papel de la Iglesia en la paz
Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.
Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.
Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?
Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.
P. ¿A qué tinieblas se refiere?
R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.
P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…
R. He llegado al Gobierno…
P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?
R. Gustavo Petro. No Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.
P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?
R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.
P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?
R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.
P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?
R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.
P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?
R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.
P. ¿Cómo será su trato con la oposición?
R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.
Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.
Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.
Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?
Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.
P. ¿A qué tinieblas se refiere?
R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.
P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…
R. He llegado al Gobierno…
P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?
R. No. Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.
P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?
R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.
P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?
R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.
P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?
R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.
P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?
R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.
P. ¿Cómo será su trato con la oposición?
R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.
P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?
R. En este momento, sí.
P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?
R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.
P. ¿La tributaria también?
R. La tributaria tiene que ser este año.
P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?
R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.
P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?
R. De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.
P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?
R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.
P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?
R. El gran capital no tiene patria.
P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?
R. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.
P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.
R. No, para nada.
P. ¿Eso no va a ocurrir?
R. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…
P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?
R. A Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.
P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?
R. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.
P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?
R. En este momento, sí.
P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?
R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.
P. ¿La tributaria también?
R. La tributaria tiene que ser este año.
P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?
R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.
P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?
R. Gustavo Petro De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.
P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?
R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.
P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?
R. El gran capital no tiene patria.
P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?
R. Gustavo Petro. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.
P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.
R. Gustavo Petro. No, para nada.
P. ¿Eso no va a ocurrir?
R. Gustavo Petro. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…
P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?
R. Gustavo Petro a Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.
P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?
R. Gustavo Petro. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.
Si te interesa saber más sobre este y otros temas visita Diario El Liberal y agrégalo a tu lista de favoritos.
Cortesía: Elpais.com
Internacional
Detención de Samuel Adrián en Bogotá: El Documental sobre Niños Trans que Sacude a Colombia
Detención de Samuel Adrián en Bogotá enciende las alarmas sobre la libertad de expresión, el impacto del periodismo independiente y la controversia médica en la región.
Detención de Samuel Adrián en Bogotá enciende las alarmas sobre la libertad de expresión, el impacto del periodismo independiente y la controversia médica en la región. El pasado domingo 13 de septiembre, las autoridades colombianas arrestaron en el Aeropuerto Internacional El Dorado al reconocido creador de contenido mexicano, ejecutando una orden de arresto en su contra por desacato judicial tras negarse rotundamente a eliminar su investigación más polémica.
La Investigación de los 51 Minutos: El Detonante del Arresto
El origen de la medida restrictiva en contra del influencer radica en la publicación realizada el pasado 17 de mayo en su canal oficial de YouTube, titulada “Colombia: fábrica de niños trans”. En este reportaje de 51 minutos, Adrián expone datos críticos, análisis de casos y testimonios sobre la aplicación de procedimientos hormonales e intervenciones de transición de género en niños y adolescentes en territorio colombiano.
La descripción oficial de la pieza audiovisual define el trabajo como una investigación destinada a visibilizar las consecuencias médicas, culturales y sociales que el avance de estas agendas puede generar en las nuevas generaciones.
Crónica de una Detención Anunciada
Consciente de las represalias legales por desacatar la orden judicial de retiro del material, el creador de contenido dejó grabado un video desde el Aeropuerto Internacional de Tocumen en Panamá justo antes de abordar su vuelo hacia Bogotá.
«Si estás viendo este video es porque fui arrestado en Colombia (…) me habré sido privado de mi libertad por haberme negado a eliminar el documental. Pero la verdadera víctima no soy yo; son los miles de niños colombianos sometidos a procedimientos con consecuencias irreversibles», afirmó el youtuber.
El mexicano deberá cumplir 10 días de arresto efectivo junto al pago de una sanción económica, manteniendo firme su postura de no retirar el documental de la plataforma digital.
Reacción Presidencial y Posible Cambio Legislativo
El caso generó un impacto mediático inmediato en la agenda pública colombiana:
- Pronunciamiento del Ejecutivo: El presidente Abelardo de la Espriella confirmó la apertura de investigaciones exhaustivas para verificar los datos presentados por la investigación de Adrián.
- Llamado al Congreso: La Presidencia instó de manera directa al poder legislativo para iniciar el debate sobre límites, regulaciones y prohibiciones normativas respecto a las intervenciones hormonales en menores de edad.
El arresto de Samuel Adrián reabre el debate nacional sobre los límites de la libertad de prensa frente a la protección legal de los derechos de los menores.
Internacional
Elecciones en Brasil: Lula da Silva lidera las encuestas frente a Flávio Bolsonaro tras la irrupción del escándalo del Banco Master
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro miden sus fuerzas en la recta final hacia las urnas.
Elecciones en Brasil entra en su fase más crítica. A solo tres semanas de los comicios fijados para el próximo 4 de octubre, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva moviliza masivamente a sus bases en las calles de todo el país mientras busca consolidar su ventaja frente al senador Flávio Bolsonaro.
La última encuesta de la firma Datafolha otorga a Lula el 39% de la intención de voto para la primera vuelta, situándolo cuatro puntos por encima del primogénito del exmandatario ultraderechista, quien registra un 35%. A pesar de esta ventaja inicial, los sondeos pronostican un empate técnico de cara a un eventual balotaje el 25 de octubre, reflejando el clima de alta polarización política que atraviesa a la mayor economía de América Latina.
El escenario electoral ha dado un giro dramático impulsado por la megacausa del Banco Master, cuyo secreto de sumario fue levantado por el juez de la Corte Suprema André Mendonça. Las revelaciones judiciales destaparon supuestos esquemas de corrupción y tráfico de influencias que salpican tanto a altas esferas del poder en Brasilia —incluidos miembros del Banco Central y magistrados del Tribunal Supremo como Alexandre de Moraes— como al propio entorno de la oposición.
Investigaciones de la Policía Federal vinculan a Flávio Bolsonaro con delitos de corrupción, blanqueo de capitales y evasión de divisas. Las pesquisas apuntan al presunto desvío de entre 10 y 12 millones de dólares (unos 61 millones de reales) solicitados al exdueño del Banco Master, Daniel Vorcaro, con el pretexto de financiar una película biográfica sobre Jair Bolsonaro, fondos que habrían terminado en estructuras offshore en Estados Unidos.
Mientras la oposición acusa un uso político de la justicia, el equipo de campaña del PT enfoca su estrategia final en capitalizar las sospechas de corrupción contra la familia Bolsonaro, al tiempo que promociona los datos macroeconómicos de la actual gestión, destacando los niveles mínimos de desempleo y la estabilidad de la inflación frente al reto fiscal de la deuda pública. Con las fuerzas volcadas a las calles y la justicia marcando la agenda, la presidencia brasileña vivirá una definición voto a voto.
Internacional
Ofensiva hutí en Yemen: Cientos de bajas y una crisis humanitaria al límite
Escalada mortal en el Mar Rojo y éxodo masivo de desplazados.
La ofensiva hutí en Yemen ha alcanzado su punto más crítico en años, desencadenando una sangrienta ola de violencia que deja cientos de bajas y miles de civiles atrapados en una emergencia humanitaria sin precedentes. Durante el último mes, la costa meridional del Mar Rojo se ha convertido en el epicentro de fieros combates entre los rebeldes chiíes y las Fuerzas de Resistencia Nacional (FRN), un bando leal al Gobierno internacionalmente reconocido. El saldo es devastador: las FRN confirman la muerte de más de 500 de sus soldados y cerca de 1.500 heridos en tan solo 30 días, asegurando además que las filas insurgentes habrían sufrido más de mil bajas mortales.
La contundencia del avance rebelde ha cambiado violentamente el tablero geopolítico en la región. En una rápida maniobra táctica, las fuerzas hutíes tomaron el control de puntos estratégicos cruciales para el comercio marítimo mundial, como las ciudades portuarias de Moca y Dhubab. Estos avances les otorgan un dominio directo sobre el acceso clave al Mar Rojo, consolidando su presencia más allá de Saná y el puerto de Al Hudeida. A pesar del repliegue obligado de las tropas gubernamentales hacia nuevas posiciones defensivas, los mandos del ejército aseguran que la campaña para restaurar la unidad del país y reconquistar la capital continuará activa.
Sin embargo, el impacto más brutal de este conflicto recae directamente sobre la población civil. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas ha encendido todas las alarmas ante el flujo incesante de familias que lo han perdido todo. Más de 76.000 personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares desde julio, concentrándose la mayor parte de los desplazamientos en provincias devastadas como Taiz, Lahj y Al Hudeida. La desesperación ha cruzado fronteras: en cuestión de días, más de 2.000 yemeníes han cruzado el mar buscando refugio desesperado en Yibuti. La OIM despliega asistencia de emergencia en la región de Obock, pero advierte que el apoyo internacional es insuficiente ante una tragedia que no deja de agravarse.
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