Internacional
Gustavo Petro: “Si fracaso, las tinieblas arrasarán con todo”
El presidente electo de Colombia, en su primera entrevista a un medio internacional, habla de los peligros a los que enfrenta su Gobierno y revela las claves de sus planes con la narcoguerrilla, los militares, la subida de impuestos a los más ricos y el papel de la Iglesia en la paz
Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.
Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.
Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?
Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.
P. ¿A qué tinieblas se refiere?
R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.
P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…
R. He llegado al Gobierno…
P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?
R. Gustavo Petro. No Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.
P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?
R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.
P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?
R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.
P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?
R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.
P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?
R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.
P. ¿Cómo será su trato con la oposición?
R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.
Gustavo Petro supo que iba a ser presidente de Colombia a las 16.20 del domingo 19 de junio. Al salir el tercer boletín del conteo electoral, con el 4,47% de los votos escrutados, tuvo la certeza de una victoria largamente anhelada. Solo, en su habitación, mientras afuera atronaban los gritos de su círculo de confianza, sintió una especie de derrumbe interior que él describe como un “sopor profundo”. “Cuando cae todo, cuando te abandona la adrenalina, es como si te cayera un edificio encima. Yo me tiré en la cama”, dice.
Gustavo Petro, de 62 años, habla sentado desde un mullido sofá de su casa de Chía, en una urbanización a 15 kilómetros de Bogotá. Viste americana ligera, camisa cuello Mao, jeans y zapatos de hebilla. Superado el sopor, que confiesa que le duró dos días, se lo ve relajado, mucho más que cuando era candidato. De vez en cuando se toca la medalla de San Benito, regalo del Papa, que luce en su muñeca izquierda, y a la mayoría de las preguntas contesta sin demasiados circunloquios, algo que antes era casi imposible. Transmite una calma interior que solo tiene un punto de fuga: cuando un asunto lo agita, zapatea contra el suelo, enfatizando el final de la frase. Lo hace al hablar de la pobreza, el gran capital y la reforma tributaria, una medida que promete sacar adelante lo antes posible y que al actual presidente, Iván Duque, le costó una sublevación popular. “Las reformas se hacen el primer año o no se hacen”, señala quien el próximo 7 de agosto será el primer presidente de izquierdas de Colombia.
Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto Colombia en tener un presidente de izquierdas? ¿No siente que, si usted falla, se van a cerrar las puertas a otros candidatos en el futuro?
Respuesta. Si yo fallo, vienen las tinieblas que arrasarán con todo, y yo no puedo huir.
P. ¿A qué tinieblas se refiere?
R. Hemos lanzado un desafío formidable. Era poco probable que yo pudiera llegar vivo al final del proceso electoral. Y ahora, si mi Gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción. Y una reacción de la que Uribe no es el protagonista. Los ciclos vitales cambian. Hay círculos organizándose alrededor del fascismo. No los vamos a agredir, por ahora, nada de eso, sino que vamos a tener en cuenta que esto está pasando.
P. Usted fue guerrillero, perteneció al M-19. Quería llegar al poder mediante las armas. Ha llegado al poder por el concurso de los votos…
R. He llegado al Gobierno…
P. A la presidencia. ¿Se equivocó usted de joven?
R. No. Eso es como preguntarse si se equivocó Bolívar al levantarse en armas contra España y fundar una república. Es la historia. ¿Hubiera podido ser de otra manera? Vaya usted a saber. ¿Bolívar hubiera podido ser Gandhi? Todo eso son juegos mentales. Digamos que nosotros nos levantamos en armas contra una tiranía y el producto de eso es la Constitución del 91, que hicimos nosotros y otros. Y yo soy el Gobierno de la Constitución del 91. Esa es la historia. Siempre se puede decir que esto pudo ser así o asá, pero la historia no es post, siempre es antes. Se toman decisiones y la historia avanza.
P. Ha mencionado usted el riesgo físico. ¿Teme que pueda haber un atentado?
R. Siempre se teme. Siempre hay posibilidades violentas. Hay que disminuirlas. Eso existe.
P. Su proyecto se va a encontrar con resistencias. Por ejemplo, en el ejército, su máximo responsable, el general Eduardo Zapateiro, lo criticó en plena campaña. ¿Qué va a hacer con él?
R. Las cúpulas van saliendo. En cada Gobierno hay cambios. Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza. Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático.
P. ¿No teme usted ningún gesto adverso por parte del generalato?
R. Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen.
P. Colombia muestra una división clara. ¿Qué va a hacer para superar esa fractura?
R. He convocado un gran acuerdo nacional para tratar de construir un clima político diferente. Charlaré con Álvaro Uribe y con Rodolfo Hernández. Es el momento de hacer reformas, no de dejar las cosas como están. Hay que evitar la confrontación sectaria y abrir un diálogo civilizado. Y también hay que buscar la paz. El clima político puede incentivar o amortiguar la violencia. Uno de mis propósitos es alcanzar el máximo de paz posible en Colombia.
P. ¿Cómo será su trato con la oposición?
R. No vamos a construir un Gobierno que persiga a la oposición. Nosotros hemos sido víctimas de eso. El sistema de inteligencia no se va a dirigir hacia la oposición, sino hacia la corrupción. Si ellos van sintiendo confianza en nuestro Gobierno y en que no habrá persecución y que se les va a respetar en el ámbito político, personal y familiar, creo que podemos construir. Ellos también podrán hacer una oposición como tienen derecho a hacerla: controlando a nuestro Gobierno.
P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?
R. En este momento, sí.
P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?
R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.
P. ¿La tributaria también?
R. La tributaria tiene que ser este año.
P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?
R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.
P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?
R. De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.
P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?
R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.
P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?
R. El gran capital no tiene patria.
P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?
R. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.
P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.
R. No, para nada.
P. ¿Eso no va a ocurrir?
R. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…
P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?
R. A Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.
P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?
R. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.
P. ¿Y tiene capacidad parlamentaria para aprobar una reforma legal para facilite la negociación en términos judiciales?
R. En este momento, sí.
P. ¿Le preocupa que pase el tiempo?
R. Sí. Las reformas se hacen el primer año o no se hacen.
P. ¿La tributaria también?
R. La tributaria tiene que ser este año.
P. ¿Y no teme un estallido social como le pasó a Iván Duque?
R. No, porque esta reforma no recaerá sobre el bolsillo del pueblo, sino sobre las capas privilegiadas.
P. ¿Y piensa llamar al gran capital, a los empresarios y banqueros para abrir con ellos un diálogo?
R. Gustavo Petro De eso trata el gran acuerdo nacional. Nosotros vamos a reformar la ley tributaria y los hemos invitado a discutir el tema. El sistema tributario colombiano es relativamente progresivo hasta la clase media alta, que paga más impuestos que la clase media, que paga más impuestos que la clase popular. Pero más arriba de la clase media alta se encuentra la injusticia. Un banquero paga menos impuestos proporcionalmente que la secretaria de su oficina. Y eso no puede ser así. Se trata de que haya progresividad hasta el final. Eso disminuiría el déficit fiscal, mejoraría las condiciones macroeconómicas y permitiría financiar el avance en los derechos de la población colombiana. Eso es lo que yo considero el pacto social. Pasa por la voluntad del gran capital de pagar sus impuestos.
P. ¿Qué piensa de la OPA de Gilinski sobre el Grupo Empresarial Antioqueño?
R. Es la lógica del gran capital. Pero lo están haciendo bajo las normas colombianas. Y ante este tipo de disputas, la institucionalidad debe mantenerse en neutralidad total.
P. ¿Aunque venga apoyada por capital extranjero, de la familia real de Abu Dabi?
R. El gran capital no tiene patria.
P. Usted ha propuesto reanudar la relación diplomática con Venezuela y reabrir la frontera. ¿Con eso bastará?
R. Gustavo Petro. Es un tema complejo que no va a solucionarse de la noche a la mañana con reiniciar las relaciones diplomáticas. En Venezuela hay millones de colombianos que necesitan resolver sus cuestiones consulares, de títulos, papeles…, y aquí hay dos millones de venezolanos con sus propios problemas. Hay que ayudar a los que quieran retornar. Y los venezolanos que se quieran quedar en Colombia, deben gozar de derechos, no simplemente de protección migratoria, sino de derecho a la salud, a la educación, a la atención infantil, a la convalidación de un título… Todo eso hay que establecerlo. Lo mismo pasa con los colombianos que quedaron huérfanos en Venezuela. Hay tal magnitud de problemas acumulados, que el esfuerzo ha de ser muy grande para que las cosas vuelvan a la normalidad.
P. Hay exiliados venezolanos, activistas y periodistas perseguidos por el régimen chavista, que temen que al restablecerse las relaciones puedan ser extraditados a Venezuela.
R. Gustavo Petro. No, para nada.
P. ¿Eso no va a ocurrir?
R. Gustavo Petro. Para nosotros los derechos humanos son fundamentales. La primera discusión que yo tuve con Hugo Chávez en vida, y la última quizás antes de que muriese, fue precisamente sobre el respeto al sistema interamericano de derechos humanos, que para quienes hemos estado en la oposición en Colombia es valiosísimo. Muchos le debemos—incluido yo mismo—la vida. Y Chávez decidió sacar a Venezuela del sistema…
P. ¿Y no piensa que a Venezuela le iría mejor con un sistema democrático de plenas garantías y otro presidente?
R. Gustavo Petro a Venezuela le iría mejor si su pueblo dialoga entre sí, en toda su pluralidad, y si son ellos los que toman sus decisiones sobre las elecciones y sus mecanismos. Nosotros lo que tenemos es que ayudar.
P. Hay quien habla de un nuevo eje progresista en América Latina, formado por los presidentes de México, Argentina, Chile, ahora Colombia y en el futuro quizá Brasil. ¿Se siente usted identificado?
R. Gustavo Petro. Yo diría que son dos fases. Una primera basada en los combustibles fósiles, que podríamos llamar la fase de Chávez. Hubo como una edad de oro del bienestar social, pero que era insostenible, porque se sustentaba en el petróleo. Todo eso se derrumbó. Ahora, toca abandonar la economía de fósiles, desligarnos del petróleo, carbón y gas, y cimentar el desarrollo sobre la base de la producción y el conocimiento. En esto el progresismo no es que sea muy claro en América Latina. Pero para mí no se puede construir ninguna visión progresista de la sociedad sobre la economía fósil, porque la economía fósil es la muerte. Hay que plantearse un nuevo modelo de desarrollo en América Latina, esa es nuestra función en la agenda, nuestro legado. Y ese va a ser el tema de discusión en ese eje.
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Cortesía: Elpais.com
Internacional
La fortuna de Trump, fruto de estafas y evasión de impuestos
Los estafadores tejen sus mentiras con una sonrisa burlona y un guiño, y engatusan a sus víctimas con palabras seductoras.
La fortuna de Trump ha sido, durante décadas, el pilar central de su marca personal y su plataforma política. Sin embargo, investigaciones profundas y revelaciones judiciales han comenzado a resquebrajar la imagen del magnate que se hizo a sí mismo. Lo que durante años se vendió como un imperio construido con un «pequeño préstamo de un millón de dólares», hoy se revela como una compleja arquitectura de herencias millonarias, empresas ficticias y tácticas de evasión fiscal que desafían la legalidad y la ética empresarial.
Contrario a la narrativa de superación que Donald Trump plasmó en su célebre libro «The Art of the Deal», los registros financieros pintan una realidad muy distinta. Según investigaciones detalladas del New York Times, el expresidente no comenzó desde cero. Se estima que, a lo largo de su vida, recibió el equivalente actual a 413 millones de dólares provenientes del imperio inmobiliario de su padre, Fred Trump.
La precocidad financiera de Trump es asombrosa, pero no por su talento para los negocios, sino por la estructura de traspaso de riqueza de su progenitor:
- A los 3 años: Ya percibía ingresos anuales de 200,000 dólares.
- A los 8 años: Ya era oficialmente millonario.
- En la adultez: Recibía transferencias masivas que disfrazaban lo que técnicamente eran regalos o herencias para evitar los altos tipos impositivos de la época.
La ingeniería de la evasión fiscal
El punto más crítico de esta investigación reside en cómo se transfirió esta riqueza. En lugar de cumplir con las obligaciones tributarias estándar, la familia Trump habría utilizado esquemas de empresas ficticias para canalizar fondos y declarar valores de propiedades drásticamente reducidos ante el fisco.
Se calcula que Fred y Mary Trump transfirieron más de 1,000 millones de dólares en activos a sus hijos. Bajo las leyes de aquel entonces, una herencia de tal magnitud debería haber tributado un 55%, lo que equivaldría a unos 550 millones de dólares. No obstante, la familia solo pagó 52.2 millones (aprox. un 5%), privando al estado de cientos de millones en recaudación mediante maniobras que expertos califican como fraude fiscal sistemático.
El estafador de Nueva York: Una tradición de engaño
En la cultura popular neoyorquina existe una frase para los incautos: «Si crees eso, tengo un puente que venderte». Esta expresión nació de George C. Parker, un estafador que «vendió» el Puente de Brooklyn múltiples veces a turistas desprevenidos. Hoy, muchos analistas y críticos comparan la metodología de Parker con la trayectoria de Donald Trump.
El «Muro» vs. el «Puente»
Así como Parker vendía hitos públicos que no le pertenecían, críticos argumentan que Trump ha vendido una imagen de éxito y patriotismo que oculta intereses puramente personales. Su proyecto del muro fronterizo es visto por sus detractores no como una solución de seguridad, sino como un símbolo de distracción para sus complejas maniobras legales y financieras.
«Trump es un estafador narcisista que atrae a sus víctimas con un halo de engaños, persistiendo hasta que los bienes o sueños de los demás se han desvanecido.»
Un historial de litigios y deudas impagadas
La trayectoria empresarial de Trump no se define por la creación de valor, sino por la gestión del conflicto. Con participación en más de 3,500 litigios, su patrón de comportamiento es cíclico:
- Obtener créditos masivos basados en valoraciones infladas.
- Incumplir los pagos cuando las empresas (como sus casinos) fracasan.
- Utilizar tácticas legales hostiles para reducir la deuda o eliminar la responsabilidad.
Esta «estafa al sector bancario» le permitió mantener un estilo de vida opulento mientras sus socios, proveedores y empleados enfrentaban las consecuencias de sus quiebras. Mary Trump, su sobrina, lo resumió de forma lapidaria: para él, «la infidelidad y el engaño son una forma de vida».
El juicio final: De la Casa Blanca al banquillo
El cargo público, lejos de ser un servicio a la nación, parece haber sido utilizado por Trump como el «escenario definitivo» para su mayor maniobra. Tras darse cuenta de que Nueva York ya conocía sus trucos, trasladó su operativa a Washington, donde su capacidad de influencia alcanzó niveles sin precedentes.
Sin embargo, el sistema judicial finalmente ha logrado cercar al magnate. Su regreso a Nueva York no fue para una gala, sino para enfrentar la justicia. A pesar de sus tácticas intimidatorias, un jurado de doce ciudadanos lo declaró culpable de 34 cargos por falsificación de registros comerciales, relacionados con el encubrimiento de pagos ilícitos para influir en las elecciones.
El paralelismo con Al Capone
Es irónico que Trump a menudo mencione a Al Capone en sus discursos. Al igual que el famoso gánster, quien no cayó por sus crímenes más violentos sino por evasión fiscal, Trump ha sido finalmente atrapado por las inconsistencias en sus libros de contabilidad y sus declaraciones fraudulentas.
Conclusión: ¿El fin de la impunidad?
La historia de la fortuna de Trump es un recordatorio de que las apariencias en el mundo del alto poder suelen estar construidas sobre cimientos de barro. Lo que se presentaba como un éxito empresarial sin parangón ha resultado ser, según las pruebas presentadas, un compendio de estafas, engaños familiares y un desprecio sistemático por las leyes tributarias.
El mito del hombre que se hizo a sí mismo ha muerto. En su lugar queda la figura de un heredero que refinó el arte de la evasión y que ahora debe enfrentar las consecuencias de una vida dedicada a desafiar la ley.
Internacional
¿Habrá encuentro oficial? El Canciller español abre las puertas a una reunión con María Corina Machado
José Manuel Albares confirma la disposición del Gobierno de España para recibir a la líder opositora venezolana en su próxima visita a Madrid.
Reunión con María Corina Machado: este es el tema que ha encendido el tablero diplomático entre España y Venezuela en las últimas horas. El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha despejado las dudas sobre la postura del Ejecutivo central ante la inminente llegada de la líder democrática a suelo español. En una reciente intervención mediática, el canciller aseguró que el Gobierno no tendría «ningún inconveniente» en mantener un encuentro formal con la ganadora del Premio Sájarov y referente de la resistencia venezolana.
Una visita marcada por la expectativa diplomática
María Corina Machado, quien se ha convertido en el símbolo de la lucha por la libertad en Venezuela, tiene previsto aterrizar en la capital española en los próximos días. Su agenda principal se centra en un reencuentro con la diáspora venezolana, una comunidad que ha crecido exponencialmente en España y que ve en ella la esperanza de un cambio político real.
Aunque figuras de la política regional como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida, ya tienen perfilados sus encuentros con Machado, la incógnita giraba en torno a la Moncloa. Albares ha sido tajante: si la solicitud llega, las puertas están abiertas. Según el ministro, no existe barrera ideológica ni diplomática que impida que este encuentro ocurra «a cualquier nivel».
El historial de diálogo de España con la oposición
El titular de Exteriores recordó que esta apertura no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia coherente que el Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido desde el inicio de su gestión. Albares enfatizó los siguientes puntos clave:
- Contacto directo: El ministro afirmó haber conversado con Machado en distintas ocasiones, manteniendo un canal de comunicación activo.
- Reconocimiento a líderes: Recordó los encuentros previos con figuras de la talla de Edmundo González y Leopoldo López, subrayando que el diálogo con la oposición es un pilar de su política exterior.
- Gestos de apoyo: Cabe destacar que, recientemente, el Consejo de Ministros otorgó la nacionalidad española a Leopoldo López, un movimiento que refuerza el compromiso de España con los perseguidos políticos.
¿Qué significa este encuentro para la geopolítica actual?
La disposición a una reunión con María Corina Machado por parte del Ministerio de Exteriores envía una señal potente a la comunidad internacional. En un momento donde la presión sobre el régimen de Caracas es máxima, que España —un actor clave en la Unión Europea para asuntos latinoamericanos— valide la interlocución con Machado, fortalece la posición de la oposición en el exilio.
La visita de la líder opositora no solo será un evento masivo de apoyo popular, sino también una prueba de fuego para la diplomacia española, que busca equilibrar sus relaciones institucionales mientras mantiene su apoyo a los valores democráticos en la región.
Internacional
Realidad o Animación La Verdad Detrás de los Lanzamientos a la Luna
Análisis técnico: ¿Por qué los cohetes se curvan y desaparecen de la vista?.
La verdad sobre los lanzamientos a la luna es un tema que vuelve a estar en el centro de la polémica digital. Según diversas teorías que analizan minuciosamente cada segundo de las transmisiones en vivo, lo que el público percibe como un viaje al espacio profundo podría ser, en realidad, una coreografía técnica perfectamente ejecutada para las cámaras. El argumento principal se centra en la trayectoria de los proyectiles: tras un despegue vertical imponente, el cohete comienza a curvarse progresivamente a los pocos segundos de alcanzar cierta altura.
Este fenómeno, que la versión oficial atribuye a la «curva de gravedad» necesaria para entrar en órbita, es interpretado por los críticos como el inicio de un inevitable descenso hacia el océano. En este punto crítico de la narrativa visual, se produce lo que muchos denominan el «corte de realidad». Justo cuando el cohete parece fragmentarse y sus reactores caen al mar, la transmisión original se interrumpe para dar paso a una señal digitalizada.
Lo que vemos a continuación, según esta perspectiva, no es una señal en vivo desde la estratosfera, sino una animación generada por computadora (CGI) o Inteligencia Artificial. Estas representaciones digitales, aunque convincentes para el ojo inexperto, suelen presentar errores gráficos sutiles que delatan su origen artificial. Mientras el hardware físico regresa a las profundidades marinas, la audiencia global observa una cápsula insertada en un entorno virtual que simula el vacío del espacio.
Finalmente, entran en juego las imágenes de la tripulación. Los astronautas aparecen en pantalla con expresiones que parecen sacadas de una producción de Walt Disney: sonrisas perfectas, ojos brillantes y una tranquilidad absoluta mientras observan la Tierra a través de las ventanillas. Esta puesta en escena, repetida sistemáticamente desde las primeras misiones, plantea una duda razonable sobre la autenticidad de lo que consumimos a través de las pantallas. ¿Estamos ante el mayor logro de la ingeniería humana o ante el montaje cinematográfico más longevo de la historia? La tecnología actual permite recrear realidades indistinguibles, y el debate sobre lo que sucede después de que el cohete se pierde de vista está más vivo que nunca.
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